Hombres necios

Hombres necios que acusáis
al buen Dios sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis*...

Primero vos lo negáis
y pretendéis que no existe,
al caminar con despiste
ignorando que pecáis.

Vais por la vida insultando
al que camina en virtud
pues no soportais la luz
que los vaya descubriendo.

Preferís vivir la ignorancia
y jamás buscáis verdad,
aunque perdáis la heredad
que es verdadera ganancia.

O si aceptáis su existencia,
le echáis en cara la mugre
que permitís, y que cubre
aunque lo niegues, tu conciencia.

Que culpa tendrá el Señor
de las guerras que tú haces,
y las conductas procaces
que vendes cual un valor.

Cómo será El responsable
del hambre que duele fiero
mientras cuentas tu dinero
con conducta descartable.

¿Y Dios no podría decir
si con vos El coincidiera:
"No creo que el hombre existiera
y esas cosas permitir"?

Hombres necios que expulsáis
al buen Dios con mil razones:
andáis a los tropezones
por aquello que ignoráis...

Que Dios vino y se hizo cargo
de pecado y consecuencia,
para evitar la dolencia
de un infierno tan amargo.

Líbreme Dios de ser tal
y que en alguna ocasión
le eche en cara el resbalón
de haber yo elegido mal.

La necedad es de cuidado.
Como tener guía ciego.
Te lleva como borrego
por el camino cambiado.

Si negáis el don paterno
mientras camináis el suelo,
no tendréis casa en el cielo
donde el gozo es sempiterno.

Claudio Durán
18/3/16

* La primera estrofa es una paráfrasis del famoso poema de Sor Juana Inés de la Cruz en defensa de las mujeres. Pero a diferencia de aquel, en este, la palabra "hombre" se refiere a todo ser humano y no sólo al varón.

Sobre los obstáculos acerca de la Corredención, frente a lo cual propongo la “Prorredención Mariana”


Atendiendo a que el termino 'Corredención' ha sufrido ataques y un enfriamiento en la teología moderna, pues hasta 1985 incluso San Juan Pablo II lo usaba refiriéndose al papel único de la Virgen María en la historia de la redención humana, yo estoy pensando y trabajando sobre un nuevo término que podría venir a explicar de manera más correcta esta Gracia otorgada a la Virgen. Se trata a mi entender de un neologismo, pues no lo he encontrado en ningún lado: “Prorredención”. (En latín seria Pro Redemptione, en italiano y aplicado a la Virgen “Proredentrice”, en inglés sería “Proredemptive”).

La partícula “Pro” se refiere a posibilitar una acción de un tercero con la colaboración del primero. Ejemplo, los humanos somos llamados por el Magisterio “Procreadores” debido a nuestra cooperación en la generación de hijos de la especie humana que de esta manera son creados por Dios a través de los esposos. Según este mismo esquema, María sería “Prorredentora” porque por su Fiat posibilita que el Hijo Eterno de Dios pueda encarnarse y llevar a cabo la Obra de la Salvación.

Además, siguiendo la analogía propuesta, María también da a luz a los nuevos hijos redimidos, cuestión ya suficientemente explicada con la “Maternidad Espiritual de todos los cristianos”. Es cierto que todos los cristianos uniendo nuestros dolores a los sufrimientos de Cristo (como dice San Pablo) también ayudamos a nuestra propia salvación y la salvación de los demás, pero siempre subordinados a Cristo, el Único mediador y el Único Salvador. Es decir, todos somos en cierta manera según nuestro grado de cooperación con la Gracia, posibles de ser llamados “prorredentores”. La misma Iglesia en cuanto Madre también lo es. Y siendo María figura de la Iglesia, podemos decir que, en esta subordinación a la redención perfecta obrada por Cristo, el concepto de la “prorredención” se debe aplicar a María de modo eminente y perfecto, en un grado tal que ninguno más de los bautizados podría alcanzarlo, en razón de que fue a Ella a quién el Ángel por pedido de Dios le pidió su aprobación para realizar su Plan. 

En virtud de lo expuesto, podemos decir que María es Prorredentora del género humano junto y en total subordinación a su Hijo Jesucristo, Redentor del Mundo.

Claudio Durán
Prof. de Ciencias Sagradas

El esperanza católica de nuestros próceres argentinos



Seguir repitiendo por "cadena nacional" que no debemos recordar a Belgrano (o San Martín) en el día de su fallecimiento es hacer gala de una ignorancia supina.

Como los discursistas (y discursistos) han perdido la fe y se han olvidado de Dios quienes detentan la función pública, no tienen ni idea de que cristianamente hablando, ese día no es celebrar la muerte como si la muerte tuviera la última palabra, sino el de su paso a la inmortalidad de la vida divina con Dios. Y pensar, como repiten revisionistas y revisionistos, que sólo debe ser recordado un prohombre por los días de sus victorias, es pensar que un señor como el General Manuel Belgrano no puso el mismo coraje y amor a la Patria en las batallas que le tocó perder como en las que ganó. Vergonzoso y cobarde quien no es capaz de alabar una entrega tan generosa.

Pensar que recordar al General San Martín escribiéndole ya mayor a su hija las famosas máximas, es recordarlo "viejito", acabado, terminado... como si el ser anciano denigrara la grandeza de sus hazañas es una demostración cabal de que sacarse fotos con Francisco no es lo mismo que escucharlo cuando habla del "descarte de los niños y ancianos"....

Quien así habla ha dejado que la soberbia entumezca su razón y enfrie su fe. Han perdido el verdadero sentido del Patriotismo y su pobre cristianismo no pasa de una rúbrica en un libro de Bautismo. No hay dignidad en su recuerdo, mucho menos en sus lenguas...

Ya en la época de Belgrano sólo se pensaba en triunfalismos y la muerte parece que le espantaba también a la clase política de entonces. Será por eso que dicen, no se será cierto, que sepultaron su cadaver varios dias despues porque no había dinero para hacerlo. Lo cierto es que su muerte pasó inadvertida para aquellos polítiqueros de turno demasiado metidos en sus contiendas personales y egoístas, ya que ese día hubo una crisis institucional en el ejecutivo de Buenos Aires y por eso aquel día pasó a la historia como "el día de los tres gobernadores"... Sí, ya en aquellos días todos querían quedarse con la "caja" a toda costa...

Lo esperanzador es que (yo no tengo dudas) Don Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano (que era su nombre completo) probablemente siga atento a su Patria y ruegue por nosotros ante el Dios que tanto amó en vida y junto a la Madre con cuyo manto pintó nuestra Bandera.

La soberbia de la igorancia tiene su límite, aunque ellos aún no lo adviertan: "Llegarás hasta aquí y no pasarás; aquí se quebrará la soberbia de tus olas" (Job 38,11)

No está lejos el día en que se escuche: "¡Silencio! ¡Cállate!", mientras todos diremos sorprendidos y alegres: "¿Quién es Este, que hasta el viento y el mar le obedecen?" (cfr. Mc 4,35-41)

Hasta ese día, seguirá la pobre entre cadena y cadena... encadenada.

Jesucristo, Señor de la historia: ¡te necesitamos!


Príncipes o mendigos


El cuarto domingo de Pascua, es conocido popularmente como el Domingo del Buen Pastor, porque las lecturas del Evangelio de San Juan nos recuerdan aquel discurso donde Jesús dice de si mismo que es el Buen Pastor que cuida, conduce y da la vida por sus ovejas. Pero también en este domingo, es muy interesante la segunda lectura que se leyó. También del Apóstol San Juan pero de su primera carta. Allí el apóstol nos dice:

“¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios,
y nosotros lo somos realmente.”

¡Somos realmente hijos de Dios! Cuando estaba pensando en estas palabras me acordé de un cuento que todos conocemos. ¿Recuerdan el cuento del Príncipe y el mendigo? Aquel en que el Príncipe intercambia su posición con el mendigo de tal manera que ahora el Príncipe se ha vestido de mendigo y ya nadie lo reconoce. En cambio el mendigo se ha vestido de Príncipe y todos lo tratan como tal.

A los cristianos muchas veces nos pasa como a aquel Príncipe. Siendo como somos Hijos de Dios ¡hijos del Rey!, en lugar de comportarnos como Príncipes nadie nos reconoce. No damos testimonio de vida cristiana. Nadie se percata que somos hijos de Dios ¡nada menos! Que pena mas grande debe ser para el Señor el habernos conseguido dejar de mendigar por causa del pecado para regalarnos gratuitamente la dignidad de ser hijos de Dios y sin embargo, seguir siendo para los demás, unos simples mendigos que en lugar de dar testimonio damos lástima…


Pidamos a la Santísima Virgen que los cristianos de Argentina y el mundo vivamos como dignos hijos de Dios. Empezando cada uno en la cotideaneidad de nuestras vidas: familia, trabajos, amistades, vecinos, ect. Que seamos para cada persona,hermanos verdaderos, pues todos somos hijos del mismo Padre Dios y por el Bautismo, nada menos que hijos de Dios.

Una semilla (en un frasco) no es un árbol



En varias oportunidades he escuchado al señor Jorge Lanata, a quien admiro en su labor periodística, poner como ejemplo de su posición a favor del aborto, la frase: "una semilla no es un árbol". Lo volvió a repetir en un reportaje que le hicieron los Leuco, padre e hijo, en el programa que ambos tienen por la señal TN.

La explicación ejemplificada en dicha frase me parece errónea por varios motivos y por lo tanto no adecuada para con ello querer explicar la posición a favor del aborto del señor Lanata o quien opine igual. En todo caso debería buscar otro argumento.

Primero, un árbol no es una persona. por lo tanto aunque el ejemplo fuera válido en si mismo, por su naturaleza no puedo usarlo para el género humano, ya que los que pertenecemos al género humano somos además "personas". Término filosófico y no aplicable a ninguna otra especie, racionalmente hablando. Aclaro esto último porque desde la irracionalidad se puede decir cualquier cosa. Pero estamos hablando racionalmente. También podriamos decir que un árbol no es una mesa aunque las mesas puedan estar hechas con la madera de un árbol, pues el concepto mesa es independiente del material con que este construida. Claro que es pertinente unir "semilla" y "árbol" en un planteo, independientemente de lo que dijera la biología al respecto, pero de ahí a aplicar el planteo paralelamente al ser humano no es correcto primero porque lo que dijimos en cuanto a la "persona humana" y luego por el siguiente razonamiento.

Segundo, una semilla no es un árbol mientras esta semilla no esté en tierra y naturalmente se haya "disparado" el proceso que hace que la semilla deje de ser semilla para empezar a convertirse en el árbol de la especie que sea. Una vez que dicho proceso comienza, salvo una acción externa (desenterramiento, sequía, piedras encima de la semilla, tierra no fértil, venenos, insectos, etc.) será un árbol en distintas fases del desarrollo (semilla, brote, plántula, árbol, etc.). ¿o es menos árbol una pequeña planta de roble que apenas tenga dos hojas que un ejemplar "adulto" de 30 años, alto, ramificado, con gran follaje? Un roble no lo es por la cantidad de pájaros que albergue o la sombra que produzca. Ahora bien, una semilla colocada en un frasco de vidrio vacio, seguirá siendo semilla todo el tiempo que esta permanezca allí.

Tercero, en el caso del ser humano ¿cuál es la semilla? ¿Existe un estadio del ser humano en el cual podamos hacer un paralelismo con una semilla "aletargada"? Quizá alguno diga que un "embrión congelado" sea la mejor analogía. Pero esto no es natural. Factores externos (la manipulación de otros humanos) lo ha llevado a ese estado. Pero un embrión es ya el proceso "disparado" del crecimiento de un ser humano completo con su ADN completo. Por lo tanto deberiamos ir mas atrás. ¿donde está la "semilla" que haría que tal semilla no sea un humano? Pues antes que se inicie el proceso, "las" semillas son el óvulo materno y el espermatozoide paterno. Allí sí podriamos decir con propiedad: "un óvulo no es un ser humano" o "un espermatozoide no es un ser humano".

Aplicar la analogía del árbol a un embrión humano, incluso ya desde el óvulo fecundado que ya no es más un óvulo sino que ya es un ser humano en desarrolllo (como lo es un niño, un joven, un adulto y hasta un anciano, cada uno en distintas etapas de su desarrollo como humano) es una falacia. Pues una semilla que ya inició el proceso de crecimiento de un árbol, aunque esté bajo tierra y no lo vea ya es un árbol en un estadio muy temprano de su desarrollo, pero que si yo lo desentierro y lo tiro a la basura, habré, con toda razón, matado un árbol, habré "abortado" el crecimiento de un árbol. 

Por lo expuesto, creo que esgrimir como "aplastante" argumento que una semilla no sea un árbol, es por lo menos endeble y no compatible con la triste realidad del aborto. Porque uno puede quemar una bolsa llena de semillas sin preocuparse por el bosque que jamás será. Pero abortar a un niño es matar un hombre. Y legalizar el aborto, un genocidio legal.